Una puerta siempre es un espacio que incita a ser traspasado, yo ya había conocido gente que había pasado desde el otro lado. Desde el 2001 he sido profesora de alumnos marroquíes, que en solitario y en condiciones no muy favorables, o con su familia, llegaron hasta nosotros y acogimos en nuestras aulas como unos alumnos más. Yo destacaría lo rápido que comprendían nuestro idioma y aunque, con poco contacto con sus compañeros al principio; terminaban compartiendo sonrisas, celebraciones deportivas y otras cosas propias de su adolescencia. Fatiha y Salima son dos hermanas que hoy en día son auxiliares clínicas, Nouredinne tuvo que renunciar a sus capacidades futbolísticas y aunque su equipo logró algunos triunfos a costa suya, no creo que haya logrado seguir los pasos de su ídolo Zinedine Zidane, consiguió eso sí, su título de secundaria y quien sabe cual habrá sido su destino. Rachida, logró superar la secundaria en un ciclo de diversificación curricular y aunque nadie la animaba, se empeñó en matricularse de bachillerato; hoy está estudiando Derecho en la Universidad de Córdoba. Bilal, aún no ha entendido que necesita un título, (estamos en ello). Zahra ha conseguido su título de E.S.A. y tiene un trabajo y por último, Amin aspira con todo honor a ser fisioterapeuta, no tengo ninguna duda de que lo va a conseguir. Con estos antecedentes, había que conocer el otro lado de la puerta de la que todos ellos habían venido, por esta razón el día 10 de Abril emprendimos el viaje. Todos los participantes, creo, estábamos expectantes de lo que nos íbamos a encontrar, a excepción de Ignacio y Said que ya eran expertos en cruzar el Estrecho. Al divisar Ceuta, más de uno fotografió la Bandera Española que ondeaba en el puerto como para asegurarse que no estábamos tan lejos. Viaje en autobús, cruce de fronteras y allí estábamos camino de Tetuán. Lo primero que encontramos fueron 2 horas extras en nuestro día, (en Marruecos son 2 horas menos que en España). Además de una agradable acogida en un típico restaurante marroquí, la comida ha sido magnifica durante toda la estancia. Tras la comida paseo por la medina y contacto con la ciudad. La primera impresión, es que estamos en una ciudad como cualquier pueblo de. Andalucía 30 años atrás. De cualquier forma llama la atención la mirada de la gente que aparece a nuestro paso, abierta en algunos casos, escondida entre puertas en el caso de algunas mujeres pero siempre llenas de interrogantes ¿para que hemos llegado aquí?. Por la tarde tenemos parte de la respuesta en una larga conferencia conocemos su ciclo educativo como es su educación y aprendemos a leer entre lineas como podemos ayudarles cuando quieran cruzar al otro lado. Asisten profesores de primaria y secundaria del distrito de Tetuán y representantes políticos y sindicales; la lluviosa tarde se pasa en montones de observaciones por ambas partes y con el deseo de estar haciendo un buen trabajo en ambas partes. El día siguiente fue la prueba definitiva tuvimos la ocasión de estar en sus aulas, que personalmente me llevaban a mi escuela Maestro Jurado de Hinojosa del Duque, allá por los años 1966-67 con el babi blanco y los pupitres de madera compartidos de dos en dos. De todo el recorrido destacaría las miradas alegres y cómplices y el deseo de entendernos, no estamos tan lejos aunque lo parezca. De esa mañana, todos vinimos impresionados de la clase de educación de adultos, tímidas mujeres, asistían al mismo tiempo que sus hijos a un aula de alfabetización, algunas madres y otras abuelas en algunos casos asistían con sus hijos o nietos en brazos sobre el pupitre. Tímidamente tapándose con el chador el rostro nos demostraban sus avances, fue una experiencia inolvidable especialmente su despedida diciéndonos adiós y tocándose con la mano el pecho a la altura del corazón algo que no olvidaremos fácilmente. Uno de los profesores del colegio ataviado con su chilaba blanca, y reluciendo en su sonrisa un premolar de oro, recito con sus alumnos de 4º de primaria un bonito poema en español que en un improvisado papel yo copie: Cultivo una rosa blanca En julio y en enero Para el cruel que me arranca Y para el amigo sincero No cultivo cardo ni ortiga Que pueden pincharle luego Cultivo una rosa blanca Para mi amigo sincero Tras la visita oficial el agasajo pastas y ese te con hierbabuena inolvidable que sienta tan bien a cualquier hora. A la salida un cartel en árabe recogía una cita del Coran: Hay que aprender desde nacer hasta morir Ultima visita una escuela de secundaria donde conocimos sus instalaciones escuchamos sus inquietudes y con el cartel anunciante del peligro del tabaco comprendimos que trabajábamos con el mismo tipo de alumnos. El día siguiente visita a la escuela de artes y oficios, alli se educan verdaderos artistas que siguen las tradiciones artesanas marroquíes en cerámica, madera, mosaicos, modelado de yesos y para las mujeres labores de costura bordados y tapices. Pudimos ver bonitos objetos que comienzan a aprender a elaborar desde los 7 años. La tarde fue de viaje a nuestra segunda visita Chechauen, una magnifica ciudad en la montaña, en la que sus fachadas azules nos encandilaron a todos, seguro que es de lo que más registro fotográfico ha quedado entre los miembros de la expedición. Visita a las tiendas locales y practica del regateo, del que tengo que reconocer no soy experta. Finalmente reunión con un grupo de mujeres marroquíes, madres y profesoras, con las que en castellano conseguimos comunicarnos y contarnos nuestra actividad cotidiana en múltiples facetas, algunas de las compañeras españolas se animaron a colocarse el pañuelo en la cabeza y una vez mas vimos que no somos tan diferentes. De esa reunión quedó el recuerdo de Touria Hmamón, una maestra de infantil de 35 años embarazada de su tercer hijo que cada día tenía que conducir por un camino de montaña para dar clase a sus alumnos que todavía utilizan pizarrines para escribir y que reivindicaba luz y mejores instalaciones en su escuela. Ojala en algún lugar se escuche esta petición. Llegó el último día en el que amanecimos con unas vistas de montaña impresionantes. Cargados de algunos regalos para nuestra familia y algunos objetos para nosotros, que nos permitan recordar que estuvimos allí, emprendimos el regreso, el mejor recuerdo lo teníamos dentro, los paisajes, las miradas de la gente y esas manos siempre dispuestas a apretar las nuestras en un largo saludo. Es posible que esos contactos que surgieron se queden en algún papel en algún cajón, pero durante cuatro días estuvimos al otro lado de la puerta y los mensajes que percibimos y que nos transmitieron, están en nuestra memoria y ya forman parte de nuestras experiencias vitales y seguramente nos servirán para saber acoger mejor a futuros alumnos que lleguen a nosotros. Por cierto, durante el cruce del estrecho, en el viaje de vuelta, los delfines saltaban delante de nuestro barco ¿otra nueva forma de demostrar amistad? Gracias a todos los que participaron e hicieron posible la experiencia. Un saludo Marisa I.E.S. Maimonides Córdoba.